11/02/2019
El cromo es un mineral esencial que se asocia a la función de la insulina e influye en el metabolismo de los hidratos de carbono, las proteínas y las grasas. Podría ser usado conjuntamente en planes de descenso de peso y en control de la glicemia, en pacientes diabéticos. Este artículo examina estas áreas y delinea recomendaciones para el consumo de cromo.
Cuando hablamos sobre el cromo dietético como necesario para el cuerpo humano, nos referimos a la forma trivalente [Cr3+ ó Cr (III)]. Encontramos cromo a nuestro alrededor: en el aire, el agua, el suelo y en los alimentos. Como otros minerales, la cantidad presente en los alimentos es pequeña y está sujeta, en la mayoría de los casos, a los procesos propios de fabricación. El cromo presente en los alimentos forma junto a moléculas orgánicas, conglomerados llamados quelatos, los cuales por lo general se disuelven fácilmente en agua.
Durante gran parte de la industrialización de los alimentos (generación de conservas u otros procesos) o durante la cocción doméstica en agua (hervor), la mayor parte de estos compuestos de cromo se retiran de los alimentos permaneciendo en el líquido de cocción. Una de las alternativas es la cocción al vapor que retiene parte del cromo.
En general, los huevos, algunas frutas y verduras, los cereales integrales, las nueces, y algunas carnes son fuentes de cromo.
La importancia biológica del cromo fue descubierta a finales de los años 1950, cuando la levadura de cerveza comenzó a usarse, en ratas, para prevenir la disminución en la capacidad de mantener niveles de glicemia normales, relacionada con la edad. Un complejo de cromo orgánico fue identificado como el ingrediente activo y este complejo fue etiquetado como “el Factor de Tolerancia de Glucosa” (GTF).2 La naturaleza exacta del GTF, y el mecanismo por el cual aumenta la función de insulina en el cuerpo, todavía no son totalmente entendidos pero puede promover la respuesta de insulina en células facilitando su transferencia a través de las membranas celulares.
Ciertos nutrientes pueden aumentan la capacidad absorción del cromo en el organismo. Algunos estudios sugieren que la suplementación de sales orgánicas de Cr3+ junto con Vitamina C aumenta considerablemente el nivel de cromo plasmático luego de algunas semanas.
En la diabetes tipo 2, aunque el páncreas produzca bastante insulina, las células musculares y otros tejidos se hacen resistentes a la acción de la insulina, que causa un control deficitario de niveles de glucosa en sangre.
Un meta-análisis reciente reunió los resultados de 41 estudios y encontró que los suplementos de cromo realmente parecen mejorar el control de glicemia en pacientes con diabetes tipo 2, pero los autores declaran que todavía requieren ensayos clínicos bien diseñados para reforzar los estudios preliminares.3
Existe evidencia que muestra que el tomar picolinato de cromo (un compuesto químico que contiene cromo) por vía oral puede bajar el nivel de azúcar en ayunas, disminuir los niveles de insulina, y hacer que la misma funcione mejor en las personas que tienen diabetes de tipo 2.4
Investigaciones preliminares sugieren que el picolinato de cromo podría tener los mismos beneficios en los pacientes con diabetes tipo 1 como en los pacientes que sufren de diabetes a consecuencia de un tratamiento con esteroides.
Se ha investigado el potencial del cromo para promover la pérdida de peso y mejorar la composición corporal,5 ya que presenta efectos positivos sobre el metabolismo de la glucosa y de las grasas.
Otros estudios sostienen que el cromo en forma de picolinato de cromo, podría disminuir el aumento de peso y la acumulación de grasa en los pacientes los cuales están siendo medicados con sulfonilureas.
Los estudios sobre la importancia del cromo son escasos. Sin embargo, diversas organizaciones relacionadas con la nutrición de Alemania, Austria y Suiza consideran que el consumo diario adecuado de cromo para adolescentes y adultos rondaría los 30-100 µg.6 Esta cantidad está en línea con la cantidad recomendada por la UE, que es de 40 µg Cr3+ al día.7 Los estudios muestran que las dietas medias europeas de la población adulta contienen de 60 µg (Alemania) a 160 µg (Suecia) de cromo al día.5
Aunque es poco probable consumir cantidades perjudiciales de cromo en la alimentación, el cromo puede añadirse al fabricar alimentos y los suplementos de esta sustancia son bastante populares. Por ello, existe una cierta preocupación sobre la posibilidad de que dosis excesivas de cromo tengan efectos negativos.8 Sin embargo, el Comité Científico Europeo de la Alimentación (EUFIC) ha declarado: “En un número limitado de estudios humanos no se han obtenido pruebas sobre los efectos perjudiciales asociados con el consumo de suplementos de cromo con una dosis máxima de 1 mg de cromo al día.” 6
Existen distintas formas de administrar el Cromo (Cr3+) a la dieta picolinato en forma de una suplementación dietaria. La más común y ampliamente ensayada científicamente es mediente el picolinato de cromo [tris-2-piridincarboxilato de Cromo (III)], resultaldo su absorción muy superior a las otras formas más comunes, como los citratos, gluconatos o aspartatos de este mineral.
El picolinato de cromo presenta en su estructura solo un 12,5% de cromo activo, por lo que las recomendaciones dietarias de este mineral para su consumo, deberán extrapolarse a sus dosis respectivas. Esto significa que 100 µg de picolinato de cromo equivaldrán a 12,5 µg cromo activo (Cr3+).
El cromo se encuentra en numerosos alimentos, y la posibilidad de una dieta equilibrada debería proporcionarnos la cantidad necesaria de cromo diario. No obstante el abuso del consumo de alimentos envasados o pre-elaborados, junto con la continuidad de los métodos tradicionales de cocción, conduce a la necesidad de suplementar este mineral esencial para el funcionamiento del organismo, de no cambiarse sustancialmente los hábitos alimentarios.