16/11/2018
El hecho que los estilos de vida actuales sean cada día más demandantes, lleva al hombre moderno a incrementar notablemente sus cargas tensionales motivando la aparición de diversas patologías. La práctica médica ha constatado durante años la aparición de enfermedades producto del estrés, las cuales ya no son sólo patologías mentales, sino también físicas. Los episodios de estrés en nuestros antepasados eran puntuales, siendo en la actualidad una generalidad cotidiana de los estilos de vida actuales.
Cada vez son más los estudios que concluyen que el estrés es una variable muy importante que incide en ciertas disfunciones del aparato circulatorio, como así también de los sistemas inmunológico y hormonal. Durante una situación de tensión o agresión externa, el organismo modifica sus parámetros biológicos conduciendo a que el corazón lata más deprisa, aumenta la presión sanguínea y la transpiración, se dilatan las pupilas, se ralentiza la digestión, modificando profundamente los sistemas orgánicos como mecanismo para afrontar cualquier amenaza. Como respuesta al estrés el cuerpo estimula ciertas glándulas responsables de la liberación de hormonas como el cortisol y la adrenalina que, a su vez, actúan en la adecuación de los músculos y del resto de órganos para que éstos sean capaces de responder físicamente al peligro que se avecina. De esta forma, el sistema cardiovascular se ve obligado a trabajar de manera forzada durante tiempos prolongados y las defensas del organismo se debilitan siendo más susceptible a infecciones por el agotamiento ante la respuesta continua denominada “estrés crónico”.
El estrés constituye un trastorno muy reversible en lo que respecta a la recuperación biológica del organismo. Las prácticas de relajación profunda por lo general logran un efecto de recuperación casi inmediato. La relajación progresiva de los músculos reduce la frecuencia del pulso y la presión de la sangre, así como el grado de sudoración y la frecuencia respiratoria.
Si bien los cambios son paulatinos, pueden favorecerse mediante el consumo paralelo de suplementos nutricionales que faciliten la corrección y reposición de nutrientes carentes en la dieta (comúnmente zinc, cobre, manganeso), los cuales permitirán una mejora sustancial en los equilibrios orgánicos corporales desestabilizados por el estrés. También existen varias plantas medicinales como la pasiflora, el tilo, la valeriana y el espino blanco, que posibilitan conciliar fácilmente un estado de relajación mental y física sin inducir sueño, permitiendo una mejoría en la recuperación del organismo. Estas alternativas, son sumamente eficaces para revertir el estrés inicialmente, sobre todo en casos donde se encuentra establecido crónicamente o no se dispone del tiempo suficiente para realizar actividades de relajación.
No obstante, para lograr la recuperación definitiva cumple un papel primordial la concientización de la persona en querer salir de este estado degradativo para el organismo, comenzando a cambiar sus hábitos y ritmos diarios, o deshacerse y modificar los factores que lo ocasionan.